domingo, 31 de agosto de 2008

Vecinos temen que ocurra otra tragedia en sector Jarro Sucio

SANTO DOMINGO.- La mirada de Juanita Vásquez Adón se ha perdido en los escombros. El vaho a muerte y a dolor se cuela en ese callejón de casuchas destrozadas, y las mujeres de Jarro Sucio, en San Ignacio de Guachupita Norte, sentadas frente a la pequeña iglesia de Dios, donde se realizó un fugaz velatorio de los cadáveres de Catalina Féliz, sus seis hijos menores de edad y una vecina, aún no asimilan la tragedia. Juanita es prima del viudo, Marino Esteban Vólquez, quien no ha tenido tranquilidad luego de que se apagara el único candil que lo estimulaba a seguir adelante, enfrentando las calamidades de la pobreza: su familia. “Ese hombre anda como loco después de las muertes de su mujer y de sus hijos. La misma noche del derrumbe fui a buscarlo para darle cena, pero me dijo que no tenía hambre, que no tenía ganas de ná”, dice, luchando por no llorar, aunque las lágrimas presionan por salir y sus ojos se enrojecen. LEER MAS, FUENTE LISTIN DIARIO

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